Cuando el chofer Rusty Wade estacionó recientemente su remolque en una parada de camiones en Missouri, notó algo extraño.
De unos 50 remolques estacionados allÃ, sólo cinco tenÃan el motor encendido.
“Eso se debe al alto precio del combustible”, dijo Wade, de Brundidge, Alabama, y propietario de su remolque.
“Hace un año sólo habrÃa cinco con el motor apagado”, dijo.
Pero en momentos que el galón de combustible diésel supera los $4.20, Wade no sólo apaga el motor para ahorrar dinero, también reduce su velocidad promedio en la carretera, de 60 a 56 millas por hora.
En lugar de hoteles, él y su esposa Mary –también chofer– frecuentemente duermen en los remolques. Y si un viento cruzado constante le afecta la velocidad y el millaje por galón, Wade estaciona el remolque cino o seis horas, si es necesario, hasta que el viento se calme.
“Es la única forma que conozco de mejorar el millaje por galón. El viento es mi peor enemigo”, dijo.
De una u otra forma, en todo Estados Unidos la gente implementa las mismas medidas que Wade pare reducir sus gastos. Comen menos en restaurantes, hacen viajes más cortos o esperan más de lo normal para cortarse el cabello, todas formas de estirar el dinero.
Y con razón. El elevado costo de productos esenciales como la gasolina, los alimentos y la vivienda ahora representan 57 centavos de cada dólar que se gasta. Eso deja 43 centavos para el resto de los gastos, un récord, según nuevas cifras de Wachovia Economics Group.
Y ayuda a explicar las razones de que la venta de vehÃculos esté en su peor nivel de los últimos 10 años y los consumidores compren menos ropa, zapatos y artÃculos costosos como muebles y computadoras.
Con una inflación de 3.2 por ciento desde el año pasado y los sueldos estancados, los consumidores indudablemente se preparan para una recesión fuerte. El apretón también ha forzado a los pequeños negocios a ser más creativos.
Dan Meldrim, presidente de Empire Freight Logistics, de Syracuse, Nueva York, tuvo que reestructurar su negocio de camiones para poder sobrevivir.
Por cada aumento de seis centavos en el combustible necesitó aumentar sus precios un centavo por milla. Cuando los costos superaron los $3,000 o más, tuvo que pasarlos a los desencantados consumidores.
“En octubre vendà mis camiones porque en estos momentos es muy difÃcil sobrevivir en este sector”, dijo Meldrim, que ahora es coordinador/vendedor de embarques y ayuda a las compañÃas a consolidar cargas más pequeñas para compartir los costos.
Meldrin se considera con suerte. Dejar sus seis camiones y crear un nuevo modelo de negocio fue la clave de sobrevivir. “Muchas de las compañÃas pequeñas se han ido a la bancarrota”, dijo.
Los restaurantes son especialmente vulnerables durante las bajas económicas y el costo cada vez mayor de los alimentos no ayuda.



