¿Quiénes mandan en Guatemala, Honduras y El Salvador? ¿Una vieja alianza de política y negocios protegida por los ejércitos?.
Tras el golpe de Estado en Honduras, ejecutado por la cúpula militar el 28 de junio pasado para deponer al presidente Manuel Zelaya, y cuya autoría intelectual se atribuye a fuerzas tradicionales de la oligarquía, ¿cuántos y cuáles son los influyentes apellidos que controlan el frágil rumbo político y económico en el “Triángulo Norte” de Centroamérica?
Con un poder que empezaron a forjar a finales del siglo XIX y que consolidaron en la centuria anterior, unas 50 acaudaladas familias y sus mezclas y ramificaciones dominan el aparato productivo y marcan el destino de unos 27 millones de habitantes en las tres naciones, con reglas de favor y privilegio: financiar partidos, copar voluntades políticas, dictar ritmo el económico y contener las demandas sociales de más de 13 millones de pobres.
Ya sea como importadores y exportadores o involucrados en finanzas, comercio, agroindustria y medios de comunicación, los Gutiérrez, en Guatemala; los Cristiani, en El Salvador, y los Facussé, en Honduras, son las familias más poderosas.
Contra “Mel”
En Honduras, las familias acaudaladas “son el ‘lobby’ más poderoso” y su expresión política “es el secuestro y la captura del Estado”, dijo el analista político hondureño Manuel Torres, coautor de un libro sobre el poder fáctico de ese país.
“Es un modelo político que ha trabajado para la desigualdad y concentra el capital: 10% de la población obtiene alrededor del 51% de la renta nacional. De ese 10%, menos del 3% recibe alrededor del 37% de la renta”, declaró Torres EL UNIVERSAL. “La fusión de poder político y empresarial originó la captura del Estado en Honduras”, describió.
Por su parte, sin identificarlos, el presidente costarricense, Óscar Arias, mediador en la crisis hondureña, reveló que clanes empresariales de Honduras, que son un soporte esencial del gobernante de facto, Roberto Micheletti, rechazan restituir a Manuel Zelaya.
En los tres países, las familias más pudientes controlan banca, finanzas, industria, comercio, alimentos, periódicos, televisoras, radioemisoras, agro, ganado, cervecería, vinos, licores, minería, bebidas, cemento, construcción, azúcar, café, hotelería, recreación, energía, inmobiliaria, maquila, seguros, pensiones, automotriz, transporte, aeronáutica, construcción, pintura, muebles, químicos, fertilizantes, tejidos, hilos, fertilizantes, plásticos o calzado, en una larga lista.
A través de Arena
En El Salvador, las 14 familias que tuvieron dominio político y económico desde finales del siglo XIX, y a las que se acusó de provocar un conflicto social que derivó en 12 años de guerra (1980-1992), ahora están aglutinadas en ocho grupos y en la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que este año perdió control del gobierno. Cerca del 20% más rico de la población salvadoreña se queda con casi el 60% del ingreso y el 20% más pobre con poco más del 2%, según cifras oficiales.
Con datos del Banco Central de Guatemala, el Instituto Centroamericano de Estudios Políticos —ente no gubernamental guatemalteco— calculó que las familias más ricas controlan cerca del 48% de la composición del Producto Interno Bruto en agricultura, ganadería, minería, industria manufacturera, comercio, transporte, construcción, finanzas, servicios, inmobiliaria y electricidad, entre otras ramas.
Pese a la guerra de Guatemala, que se desarrolló entre 1960 y 1996, la oligarquía guatemalteca “nunca abandonó el poder ni vio seriamente en peligro sus propiedades”, dijo la historiadora guatemalteca Marta Casaús, profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, en un estudio sobre linaje y racismo que entregó a este diario.
Las redes “no pierden, en sus sucesivas metamorfosis, su memoria histórica ni olvidan su forma de reproducción, ni modifican su estructura interna”, adujo. Al igual que han hecho sus antepasados, la élite desarrolla “mecanismos de supervivencia como estirpe”, para mantener hegemonía, destacó.










