Seguramente usted lo ha escuchado: los inmigrantes cuestan mucho dinero al gobierno, sobre todo en materia de servicios de salud. Pero las cifras indican lo contrario: el gasto en cuidado de salud para los inmigrantes es, en promedio, 55% menor al de los nacidos en Estados Unidos.
Una serie de datos recabados por el Immigration Policy Center demuestran que los inmigrantes en Estados Unidos representan un gasto menor en materia de salud que su representación demográfica. Por ejemplo, los inmigrantes recientes, que conforman el 5% de la población total en el país, sólo generan el 1.4% del gasto público médico para adultos.
Los gastos médicos por persona entre los inmigrantes suelen estar entre la mitad y dos tercios por debajo de los nacidos en Estados Unidos con características similares. El gasto anual per cápita para los no ciudadanos es de 1,797 dólares, contra 3,702 para el promedio de los ciudadanos estadounidenses. En el caso de California, un estado con un alto índice de población inmigrante, el gasto en cuidado médico per cápita equivale al 88% de la media per capita nacional.
Con respecto al uso de la sala de emergencias, estadísticas de 2006 muestran que las ciudades con la mayor tasa de población inmigrante tienen menores tasas de ocupación en estos espacios que aquellas con menor población inmigrante.
“Siempre ha existido este mito de que los inmigrantes, legales o ilegales, cuestan más de lo que contribuyen; sin embargo uno tras otro, los estudios prueban lo contrario: que los inmigrantes no usan los servicios sociales, sino que hacen el trabajo duro y contribuyen más a la economía de lo que cuestan y esto lo vemos también en el caso de la medicina”, comentó Tom Barry, analista senior del Center for International Policy.
Para Barry resulta lógico que en los tiempos de crisis se busque a un culpable, en este caso los inmigrantes, particularmente cuando las poblaciones afectadas son las de la clase media. “Pero todo indica que los inmigrantes usan menos los servicios de salud que el ciudadano promedio”.
Un factor que influye en esta tendencia es la edad. Uno de cada cinco estadounidenses tiene 60 o más años; este sector representa una gran proporción del gasto en materia de salud; mucho más que, por ejemplo, el gasto en niños. Pero a este grupo no pertenecen las poblaciones inmigrantes, que tienden a ser jóvenes y a encontrarse en sus años productivos, en los cuales se requiere de menores cuidados.
Los adultos jóvenes, entre la edad de 19 y 29 años, son el grupo de población sin seguro médico con el crecimiento más rápido tanto en el país como en el estado de California. En 2007, uno de cada seis californianos estaba en este grupo de edad. Aproximadamente 1.4 millones de jóvenes menores de 30 años, uno de cada cuatro en el estado, no tienen seguro médico. Su perfil demográfico es mayoritariamente de bajos ingresos, latinos, y hombres.
A pesar de ello, los ciudadanos estadounidenses conforman la mayoría de quienes carecen de seguro médico, un 78%; mientras que los inmigrantes, tanto quienes se encuentran en el país legalmente como quienes son indocumentados, representan solamente el 22% de quienes se encuentran en edad de trabajar y no tienen seguro médico.
El mayor crecimiento en el número de personas sin seguro médico registrado entre el año 2000 y el 2006 fue de ciudadanos estadounidenses, que conformaron el 80% de ese incremento. Los no ciudadanos, en cambio, representan una parte importante de los suscriptores recientes a empresas aseguradoras.











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