El campo de Guantánamo, uno de los símbolos de la controvertida política antiterrorista de la administración Bush, seguirá abierto cuando el actual presidente estadounidense abandone sus funciones en enero, dijo ayer la Casa Blanca.
“Hace tiempo que decimos que no se cerrará antes del fin del mandato del presidente”, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino.
Esa decisión dejará en manos de quien ocupe el cargo de George W. Bush el 20 de enero la decisión de cerrar un centro de detención que, según organizaciones de derechos humanos, se ha convertido en emblema de los abusos cometidos en el marco de la lucha antiterrorista.
Tanto el candidato demócrata a la presidencia, Barack Obama, como su adversario republicano, John McCain, pidieron el cierre de Guantánamo.
Según Perino, Bush querría ver cerrado el campo, abierto en 2002 para alojar a prisioneros de la llamada guerra contra el terrorismo.
Pero recordó que la dificultad consistía en el juzgamiento de los detenidos o, en su defecto, el envío a sus países de origen o a terceros países.
Mientras tanto, Bush descartó cerrar la prisión de Guantánamo debido a los “riesgos políticos y legales” según publica en su edición The New York Times.
Sus asesores han celebrado varias reuniones durante este verano en la Casa Blanca después de que el Tribunal Supremo se pronunció el pasado junio en contra de Guantánamo para analizar su futuro.
De acuerdo al Times, el gobierno baraja la posibilidad de que la prisión siga abierta más allá del fin del mandato de Bush, el próximo enero.




