Nadie sabe cuándo ni cómo se estabilizará la economía, pero muchos están seguros de que la actual crisis dejará una huella indeleble en su memoria.
“Además de las dificultades propias, donde quiera que miramos vemos gente pasándolo mal”, dice Francisco Flores, quien se considera afortunado de no haber perdido su empleo, pero ha visto cómo a muchos de sus compañeros les han reducido horas y otros han perdido sus puestos.
Flores, un padre de familia de Los Ángeles que emigró de El Salvador hace casi tres décadas, comenta que el sistema de vida estadounidense ha empeorado en estos años y quedará especialmente maltrecho tras la crisis actual.
El doctor Mardi Horowitz, presidente del Centro de Psicoanálisis de San Francisco, señala que siempre que hay una catástrofe financiera como la actual, la gente pierde el sentido de seguridad no sólo en el presente, sino también de cara al futuro.
“Lo más importante para no dejar que esto empeore la situación es ser realista”, dice Horowitz, resaltando que tanto exagerar los aspectos negativos como ignorar la gravedad de la situación presenta grandes peligros.
Frank Farley, psicólogo de la Universidad Temple, en Philadelphia, enfatiza que uno de los aspectos más traumáticos es la pérdida o reducción de empleo.
“Nuestra autoestima depende tanto de lo que hacemos y cómo nos ganamos la vida, que estar desempleado es uno de los golpes más duros”, dice Farley, señalando que, no obstante, el nivel de desempleo actual, aunque alto, no es catastrófico.
Sin embargo, el psicólogo percibe que actualmente la gente está más asustada que en otras crisis que él recuerda debido a la gran incertidumbre existente.
“Lo que está pasando ahora va a ser el tema de conversación de toda una generación”, asegura Farley.










