Los estudiantes indocumentados de California siguen luchando para que los legisladores tomen conciencia de su situación y aprueben leyes que les permitan lograr su sueño de tener una carrera universitaria.
Fabiola Santiago cursa estudios de sociología en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), una de las más prestigiosas del mundo, y lo normal es que sueñe con encontrar un trabajo decente y un futuro con porvenir.
Sin embargo por su condición de indocumentada, Santiago solamente se conforma con no ser deportada y ser tratada como el resto de sus compañeros de clase.
“Yo no califico para la ayuda financiera porque soy indocumentada”, dijo esta alumna que fue traída por sus padres a EEUU desde Oaxaca, México, cuando apenas tenía cinco años y ahora trabaja como mesonera para ayudarse con los gastos.
Como ella, en las universidades públicas de California se calcula que hay unos cinco mil estudiantes “sin papeles”, en su mayoría hijos de inmigrantes indocumentados y que pese a no ser ciudadanos, se sienten tan estadounidenses como el “hot dog”.
La semana pasada, el gobernador Arnold Schwarzenegger volvió a vetar la iniciativa Dream Act, que daba la oportunidad a estos estudiantes de solicitar ayuda financiera en el estado.
Luego de la declaración de inconstitucionalidad de la controvertida Proposición 187, que prohibía la prestación de servicios de salud y educación para los indocumentados, la suerte de estos jóvenes cambió en 2001.
El Legislativo estatal aprobó la Ley AB 540, que apoyada en la idea de que la educación es un derecho fundamental de los seres humanos, determinó que los estudiantes que cumplieran ciertos requisitos podrían pagar tarifas de residente, aunque fueran indocumentados.










