El mes de septiembre es muy especial para muchos hispanos, la razón por la que éste mes tiene un lugar especial en nuestros corazones es que siete países latinoamericanos celebran sus fiestas patrias. Cinco de ellos celebran su independencia el mismo día;
El gran quince de Septiembre es para Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica un día de fiesta y regocijo por los 187 años de independencia de la patria madre: España.
Chile por su parte celebra su independencia el 18, y México el 16 de Septiembre su 198 aniversario y tendrán una gran celebración que se extiende a muchas ciudades en los Estados Unidos y el mundo.
Estamos celebrando 187 años de vida independiente de los cinco países Centro Americanos, y 198 años de vida independiente de Chile y México. ¡Casi doscientos años!. En términos históricos eso no es mucho tiempo. Somos, todavía, países jóvenes y como tal, debemos aprovechar esta celebración para reflexionar sobre el significado de esa independencia. No puede ser que estas celebraciones se nos vayan convirtiendo en mera rutina o símbolo vacío, en otra fiesta más con bailes y desórdenes, otro feriado más, con sus desfiles y sus faroles, con su pompa y con su antorcha, pero sin aquello que da verdadero sentido a una celebración como ésta: la memoria histórica.
Una memoria histórica que nos permita entender la magnitud de la gesta que celebramos; que nos haga recordar con admiración la valentía y la visión de aquellos hombres y mujeres de Latinoamérica que, hace casi 200 años, se atrevieron a darle la cara al mundo y asumir la enorme responsabilidad de ser naciones independientes.
Ser independientes no significa simplemente que otros no nos manden; que no sean otros quienes tomen por nosotros nuestras decisiones. Ser independientes es eso y más: es asumirnos como dueños y únicos responsables de nuestro propio destino. Ser independientes significa asumir permanentemente la responsabilidad de seguir construyéndonos como país, como sociedad, como comunidad. Ser independientes no es un dato ni un título, sino una vivencia cotidiana que conlleva una profunda responsabilidad histórica en cada momento, ser independientes nos exige estar a la altura de los tiempos, superando temores y vacilaciones para tomar aquellas decisiones que nos permitirán, hoy como ayer, ser un miembro exitoso y soberano de la comunidad mundial.
Por eso, la memoria histórica no tiene que ver solamente con el pasado. La memoria histórica es mucho más que un recuerdo: significa ser capaces de seguir viviendo hoy esa independencia. En un mundo distinto, frente a una realidad y unos retos distintos, ante las oportunidades y riesgos de un siglo que se inicia al mismo tiempo esperanzador y angustiante; tener memoria histórica significa ser capaces de seguir construyéndonos con la misma audacia y dignidad con la que nuestros abuelos iniciaron, hace tanto tiempo, ésta hermosa aventura.
Ser independientes y entender lo que esto significa es especialmente importante para los jóvenes. Para esas muchachas y muchachos que, en estos días, han recorrido sus territorios nacionales pasando de mano en mano esa antorcha simbólica. Somos países jóvenes, sí, pero somos sobre todo países de jóvenes. Y si algo significa ser joven es, precisamente, aprender a ser independiente: ¿qué más es la educación, sino la construcción de esa independencia personal? ¿Qué más es la educación, sino el proceso mediante el cual cada niña, cada niño, cada joven se va construyendo como persona, como ser autónomo e independiente, como individuo capaz y dispuesto a asumir los retos de su propio destino y las responsabilidades de un destino colectivo: el de su familia, el de su comunidad, el de su país, el de su región y, cada día con más urgencia, el de su planeta.
Educar no es más que construirnos en esa independencia, una independencia que implica, sobre todo, responsabilidad. Podemos decir así que la independencia no se celebra, sino que se vive diariamente. La independencia no se gana de una vez y para siempre, se gana en cada instante. Hoy, que celebramos esos casi 200 años de vida independiente, hagámoslo renovando ese compromiso vital con la independencia: más que celebrarla, ¡vivámosla!
Felicitaciones a todos los países hermanos que en éste mes celebran su independencia.




